Durante 40 años…
cada jueves, sin falta,
mi esposa tomaba su bolso,
me daba un beso en la mejilla
y decía:
—Vuelvo en un rato.
Nunca pregunté.
Confiaba en ella.
⏳ Una rutina que parecía normal
A veces tardaba una hora.
A veces dos.
Siempre regresaba tranquila.
Como si nada.
—¿Todo bien en el banco? —le preguntaba.
—Sí —respondía sonriendo—, solo cosas de rutina.
Y yo… nunca insistí.