La gerente me miró diferente.
Como si ya me conociera.
—Usted debe ser el esposo —dijo con suavidad.
Asentí.
—Su esposa venía aquí todos los jueves… durante 40 años.
—Sí… —respondí—. Eso lo sé.
Ella dudó.
Luego abrió un cajón.
Sacó una llave.
—Creo que es momento de que vea esto.
🔑 La caja de seguridad
Caminamos hacia la bóveda.
Mis manos sudaban.
No sabía por qué…
pero algo no estaba bien.
Abrí la caja.
Dentro…
no había dinero.
Había sobres.
Cientos.